Selección

Nicolás González, del “no” a River y de querer dejar el fútbol a un pase de 25 millones de euros

El viaje del barrio Stone de Escobar a Florencia está lleno de matices. Podría haber sido muy distinta la historia del futbolista de la Selección Argentina que acaba de ser transferido a la Fiorentina de Italia. ¿Por qué duró apenas una semana con la camiseta millonaria? ¿Por qué fue clave en su vida Fernando Batista? 


 

Por Enrique Gastañaga

Nico González, nuevo refuerzo de Fiorentina

Si no se hubiera cruzado con un entrenador sensible y convincente como Fernando Batista, tal vez Nicolás González se hubiera perdido la posibilidad de cumplir sus sueños futboleros. Tenía 14 años. Jugaba mucho menos de lo que deseaba en Argentinos Juniors y no soportaba más. Sentía que físicamente le costaba demasiado y el ánimo le había bajado al subsuelo. Encima pesaban las casi tres horas de viaje desde Escobar hasta el Bajo Flores. Entonces, había decidido pegar un portazo y decirle basta a este fantástico juego. Ahí el Bocha apareció con las palabras justas para hacerle comprender que esos problemas eran normales a esa edad, que no debía rendirse... Vaya si tenía razón el formidable formador de futbolistas con el consejo, vaya si acertó Nico al escucharlo...

Ahora Nico González no sólo es titular para Lionel Scaloni en la Selección Nacional. También hoy por la mañana se cerró su pase a la Fiorentina de Italia, en una suma cercana a los 25 de millones de euros. El club que se cansó de gritar los goles de Gabriel Batistuta lo anunció de un modo especial.

Primero, en sus redes, la Fiorentina viralizó una imagen de Speedy González, el personaje de historieta, el ratón más rápido de todo México, jugando con uno de los apodos que alguna vez se le adjuntó a Nico por su velocidad. Al rato, sin vueltas, “Benvenuto Nico González”. Y luego otro posteo con la firma en la concentración de Ezeiza del contrato por cinco temporadas. El Stuttgart de Alemania por el pase recibirá 23 millones de euros, más otros 4 por bonus. El futbolista cobrará  2.700.000 euros anuales.

Son tiempos felices para el zurdo nacido en Escobar y criado en el humilde barrio Stone. Ahí, en su ciudad, es donde desde bien pequeño dibujó sus primeras aventuras con la pelota. Correteó en el club Sportivo y luego en Belén. Tenía condiciones, claro. Por eso lo sedujeron de Parque Chas para jugar al baby fútbol. A Nico lo miraban muchos…

Nico González podría haber sido futbolista de River, pero él mismo le puso punto final a esa posibilidad. Fue una historia breve. Duró apenas una semana. Apenas tenía siete años. Estaba en segundo grado cuando apareció la chance de ponerse la camiseta banda roja en diagonal, pero no se sintió cómodo: “No me prestaban atención y no quise ir más. No me gustó y no quise seguir”, recordó hace poco.

También pasó por Platense, pero sólo una práctica. Nada le cerró de entrada. Hasta que tras el festejo de su cumpleaños número 8, desembarcó en Argentinos. En La Paternal, más allá del aquel episodio negativo de los 14 años resuelto por Fernando Batista, encontró Nico González su lugar en el mundo.

El resto de la historia del zurdo ya es más conocida. El ascenso a Primera con el notable Argentinos dirigido por Gabriel Heinze (otro DT que lo marcó), con el orgullo de haber marcado el gol del regreso contra Gimnasia de Jujuy... El título con la selección Sub 13 en el Panamericano de Lima... El pase en 8.500.000 de euros al Stuttgart de Alemania... El ascenso a la Bundesliga coronado a mediados del año pasado con 14 goles y 3 asistencias en 27 partidos… El llamado de Lionel Scaloni para la Selección Mayor y la consolidación como titular, a pura electricidad y versatilidad, porque puede jugar por toda la banda izquierda y de “9”…

Ahora Nico González, ese muchachito criado en el barrio Stone de Escobar, sabe que luego de la Copa América se mudará a Florencia. A los 23 años, lo espera la Fiorentina, con Germán Pezzella y Lucas Martínez Quarta como compañeros, con Nicolás Burdisso como Director Deportivo. Un lindo espacio para seguir cumpliendo sueños. ¡Cuánta razón tenía Fernando Batista!

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