Opinión

Verón es tan grande como Riquelme

Son dos talentos de colección. Con estilos distintos, resultaron ser organizadores excepcionales. La Brujita, el todocampista colosal, se encuentra a la altura de Román, el enganche único. Ninguno se quedó en la zona de confort de los mega ídolos. Ahora arriesgan como dirigentes

Por Quique Gastañaga

Verón y Riquelme(Fotobaires)

Verón y Riquelme | Fotobaires

También provocan daños inmensos las grietas futboleras. A veces, por esas diferencias, se coronan desperdicios crueles. Por ejemplo, la Selección Nacional se perdió la posibilidad de disfrutar mucho más tiempo en cancha, juntos, a Juan Sebastián Verón y a Juan Román Riquelme. Dos talentos de colección, diferentes en características, pero iguales en sabiduría para jugar y para que a sus alrededores todos jueguen mejor. Fue gigante el crack de Don Torcuato, favorecido por ese microclima único que representa Boca. Sin embargo, desde un espacio con menor impacto nacional pero con una mística inigualable, la Brujita logró ser tan grande como Román.

Pueden sonar exageradas casi todas las comparaciones con Riquelme, un hechicero de este juego que enamoró a los hinchas de Boca al extremo de convertirse en el máximo ídolo de la historia del club, por encima de Diego Maradona, el mejor de todos los tiempos, y de Martín Palermo, el goleador xeneize número uno.

¿Por qué no se puede poner a Verón a la misma altura? El Pelado de la barba candado abandonó los millones europeos en un momento de vigencia total para auxiliar a "su" Estudiantes de La Plata. Tan bien lo hizo que avanzó mucho más allá de equiparar las brujerías de su papá Juan Ramón, campeón de todo lo que se pueda imaginar en los 60. Provocó semejante revolución esta Brujita que sacudió a una historia pincharrata colosal, se puso a discutir mano a mano con Osvaldo Zubeldía y Carlos Bilardo y amenaza con superarlos más pronto que tarde. Es real: a lo mejor a la Brujita le falta alguna Libertadores más y una Intercontinental o Mundial de Clubes. También es cierto que esas estrellas que no ganó Juan Sebastián las compensa con su producción como presidente. ¿Cuántos títulos vale la vuelta al estadio de 1 y 57, remodelado a nivel europeo?

Tal vez en Verón se haya inspirado Riquelme. Lejos de cuidar la gloria, sin miedo a exponerse al barro que representa la misión del dirigente, Román salió de la zona de confort del mega ídolo, del intocable, y se ensució en una elección histórica en Boca. Se presentó como vicepresidente y, como cuando jugaba, fue clave para un triunfo histórico.

En estos tiempos, lejos de los pantalones cortos, Riquelme y Verón, así como armaban todo en la cancha, también organizan todo afuera, aunque Román por ahora parezca mucho más comprometido con lo futbolístico que con lo institucional.

Con la pelota, resultaron un cuento perfecto Riquelme y Verón. Más pausado Román, más intenso y dinámico Juan Sebastián, siempre reflexivos, pensantes, estratégicos, dominantes. Capaces de acariciar con historias mágicas, sensibles. Con la jugada exacta, la que requería el juego, la que el rival menos pensaba. En la corta o en la larga. Deliciosos en la pegada. Especialistas además en modificar los ritmos, en sorprender con aquellas exquisiteces propias del potrero.

Siempre, en Argentinos, Boca, Barcelona y Villarreal, resultó un enganche único Román. Siempre, en Estudiantes, en Sampdoria, Parma, Lazio, Manchester United, Chelsea e Inter, lució como un todocampista descomunal Juan Sebastián. Eso sí, de los dos terminó faltando más en la Selección Nacional.

Verón nació el 9 de marzo de 1975 y Riquelme, el 24 de junio de 1978. Román estuvo en la preparación de jugadores argentinos en Tandil, en el verano previo a un Mundial de 1998 que miró por televisión. Tenía la Selección armada Daniel Passarella para el Mundial de Francia, con la Brujita como uno de sus ejes en la mitad de la cancha. ¿Qué hubiera sucedido si el Kaiser filtraba al pibito Riquelme en esa lista que ya incluía a Marcelo Gallardo como 10 clásico? 

¿Qué hubiera ocurrido si después, en Corea-Japón 2002, Marcelo Bielsa encajaba en su idea vertiginosa, acelerada, a ese cerebro privilegiado que siempre fue Román, más rápido con su cabeza que cualquier velocista excelso, sólo utilizado por el Loco en la Copa América 1999? Se trató de aquella aventura mundialista que salpicó a todos pero mucho más a Verón, injustamente claro.

Hubo Riquelme en Alemania 2006, pero no hubo Verón. Bielsa se había quedado sin energías y José Pekerman armó una estructura apoyada en la base de los juveniles que había dirigido. ¿Qué hubiera pasado si José, a sus Pekerman Boys, les agregaba un Verón de 31 años, todavía en plenitud total?   

“Manejaban mi equipo en la cancha”, recuerda Alfio Basile, al cabo quien más gozó con Riquelme y Verón juntos. ¿O alguien olvida aquella Copa América 2007, en Venezuela? Pero fue por poco tiempo. Hasta que Coco dimitió y llegó la etapa de Diego Maradona DT, con la Brujita pero sin Román, quien renunció sospechando que el 10 le había hecho una cama a su amigo Basile, una intuición que de todos modos nunca blanqueó en forma oficial. A Sudáfrica 2010, entonces, sólo llegó el 11 de Estudiantes, que ya tenía 35 años…

Esa caja de resonancia fantástica que es el Mundo Boca todo lo amplifica. Protagonistas de historias magníficas con esa camiseta, como Riquelme, parecen inigualables. Sin embargo, en otros lugares y con otros colores, también existen personajes de idéntica dimensión. En Estudiantes, de rojo y blanco, Verón.   

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