Opinión

Se siente, Diego está presente

La partida de Maradona nos transporta a una dimensión emocional que nos conmueve y nos resulta imposible pensar en él en tiempo pasado

Por Martín Castilla

Diego eterno(Crédito: EFE)

Diego eterno | Crédito: EFE

Siempre presente y en presente. Nos cuesta hablar en pasado. Revolucionaste el fútbol, la historia y los tiempos. Los tuyos y los nuestros. Todo héroe tiene su tragedia. La de él es la del planeta futbolero entero. Las ofrendas de los últimos días en todo el mundo hablan por sí mismas. Conmueven. Cada cuál vive el Maradona que quiere. Lo que nadie puede negar es la dimensión global de un fenómeno artístico, cultural y político que de nombre completo se llama DIEGO ARMANDO MARADONA. Porque con sus jugadas, sus palabras, sus alegrías, sus lágrimas, sus padecimientos y tensiones, fue el DIEGO de Fiorito.

DIEGO es el niño de 10 años que viaja en dos o tres colectivos de Fiorito al barrio de La Paternal para probarse en Argentinos Juniors. El que ama jugar a la pelota y el que se desvive por estar cerca de los colores celeste y blanco. El que levanta la Copa del Mundo y el que la llora. El de Nápoli, el de Boca… El de todos. El que se enfrenta con el poder. El de las resurrecciones (¿Será posible esta vez?). El que se conmueve por su pueblo. El mito. “A los 16 años me dieron una patada y me subieron a la cima”. Nunca más bajó ni pudo ser otra cosa que Maradona. A nadie le es ni le será indiferente. 

No resulta fácil de comprender que, siendo alabado por todo el planeta, en los últimos días se haya preguntado tantas veces si lo querían y si se habían olvidado de él. Cabe preguntarse, entonces, cuánto de preparada está esta sociedad actual para comprender y para entender una humanidad tan grande como la de MARADONA. DIEGO está en las lágrimas del mundo. Él es responsable, no culpable. Le ha hecho vivir al planeta distintas circunstancias que multiplicaron semejantes demostraciones de cariño. Hace que el nombre de nuestro país recorra el mundo. Está a la vista, Maradona no solo desnudó a los defensores rivales sino que también desviste algunas de nuestras debilidades. Él es responsable, no culpable.

El hincha argentino, el que ha tenido el lujo de verlo en su tiempo de jugador y el que no, está convencido que hay un MARADONA DIOS. Que juega y vuela, que gambetea y hace jugar, que fija la mirada en el arco y se mueve con arte con esa pelota que “no se mancha” a su lado. Y el de la insolencia deportiva, el que rompe fronteras, que arranca con su zurda endiablada, en la cancha y fuera de ella, que vive en modo transgresión y sobrevive como puede.

Que ganas infinitas de estar en una tribuna y gritar Maradoooo, Maradoooo…” El pueblo necesita gritar su nombre en una cancha de fútbol. Nada es lo mismo en el medio de tanta incredulidad. Es nuestra bandera. La rebeldía ante lo establecido y principalmente frente a la adversidad. Se te extraña a vos y a todo lo que tiene que ver con vos. Los homenajes son un consuelo. Todos lloramos cuando nos acordamos de los momentos felices. El fin de semana que pasó fue la mejor demostración de lo que nos pasa. Imposible hablar en tiempo pasado.

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