Opinión

Prohibido criticar

Volvió la Libertadores con un gol más de promedio por partido. Hoy entrarán en acción los equipos argentinos con absoluta desventaja física y futbolística. Esta vez podrán apelar a cualquier excusa sin ponerse colorados. Los grandes tienen jerarquía y a lo mejor sorprenden, pero no sería lo lógico. Por eso habrá permiso para papelones y todas las evaluaciones serán relativas

Por Quique Gastañaga

Esta vez valen todas las excusas. Esta vez hay permiso para papelones. No importan las respuestas de Boca, River, Racing, Defensa y Justicia y Tigre. Nada de quejas. Nada de condenar a los jugadores. Nada de atacar sin piedad a los entrenadores. A soportar estrategias amarretas. A celebrar cualquier empate como si fuese la victoria más extraordinaria. A festejar las derrotas dignas. A no dramatizar ninguna caída. A resetearse para observar y sentir el fútbol de otro modo. Hoy, fanáticos del resultadismo, fanáticos del paladar fino, abstenerse. Prohibido criticar

Gallardo, Russo, Beccacece, Crespo y Gorosito ubicarán en cancha formaciones que no habrán contado con la posibilidad de jugar ningún amistoso, casi sin prácticas de fútbol, con un mes y una semana de entrenamientos híper irregulares, alterados en todos los casos por algún episodio positivo de Covid-19. Es brutal la certeza que envuelve a los equipos argentinos en el reinicio de la Libertadores: no competirán de igual a igual. Entonces, a bajar el nivel de exitismo. Si jamás es recomendable, mucho menos en esta circunstancia. Más que nunca, para evitar injusticias y crueldades, se impone plantear el escenario de antemano.

Después, claro, se trata de fútbol. Todo puede suceder. Por si hacía falta un ejemplo más, surgió anoche Estudiantes de Mérida, que llevaba seis meses sin competir, con su técnico argentino Martín Brignani dirigiendo por whatsapp y con su ayudante de campo marginado por ser positivo de Covid-19. Perdía 2-0 con Alianza, pero terminó transformándose en el primer equipo venezolano de la historia en dar vuelta un resultado así en la Libertadores: venció 3-2 y celebró.

A lo mejor algún argentino copia y pega. Y sorprende para bien. Si así ocurriera, sería más que nada por la jerarquía individual, que en el caso de los tres grandes resulta superior a la mayoría de los equipos del continente. Sin embargo, resulta indiscutible: es un escenario sin antecedentes en competencias oficiales. Llegan peor preparados que a cualquier primer amistoso de cualquier pretemporada que se recuerde. Ninguna imperfección deberá asombrar

Si no pueden dar cuatro pases seguidos, se comprenderá. Si el “9” queda mano a mano y no resuelve con justeza, se entenderá. Si los defensores pierden alguna pelota infantil en la salida, se aceptará. Un par de datos comparativos. Hasta el reinicio de la Libertadores, en 32 cruces de la fase de grupos, se habían convertido 80 goles. Ese promedio, que era de 2,5 grito por encuentro, creció a 3,44 si se consideran los 9 choques entre martes y miércoles que dispararon 31 celebraciones. Entonces, desde que volvió la Copa hay casi un gol más por partido. Nada parece casual. Se verá con los equipos argentinos.

El marco además es híper riesgoso. Los jugadores de Boca, River, Racing, Defensa y Tigre se encontrarán más expuestos aún que sus rivales a las lesiones. Al tratarse de partidos por los puntos, se les hará casi imposible regular. Si en las ligas europeas se multiplicaron los inconvenientes físicos, el peligro para ellos se acrecentará. Ahí pasarán a ser claves los entrenadores y la dosificación de los cinco cambios autorizados. Atención.

Abandonando la generalidad y estacionando en las realidades individuales, tienen a su vez panoramas diversos. Los tres grandes, en principio, pueden esperar más que Defensa y Tigre:

# Boca. Más allá del estado de los jugadores que acaban de recuperarse del Covid-19, del físico y del ritmo de todos, habrá otros matices que deberá combatir. Es que será híper complicado su partido en Asunción, caliente al extremo por las idas y venidas por todo lo que rodeó a los positivos en el equipo de Miguel Russo, que mirará por TV desde Buenos Aires. Segundo en el Grupo H con 4 puntos, Boca visitará a Libertad, que no tendrá a Diego Viera, positivo de coronavirus en las últimas horas. Los de Ramón Díaz están primeros con 6 y con más de un mes de rodaje en la liga paraguaya. Eso sí, la clasificación parece no peligrar para Boca porque los otros dos rivales justamente en la Copa transitaron recién su primer partido y no representan una amenaza potente, más allá de que Caracas (4) lo haya alcanzado sorprendiendo de visitante a Independiente de Medellín (0) en Colombia.

# River. No le pudo ganar nunca a San Pablo en Brasil. Los paulistas acumulan 13 encuentros oficiales, pero luchan contra sus irregularidades y no tendrán a Dani Alves, lesionado. A Marcelo Gallardo le faltará Milton Casco, con coronavirus. La situación en el Grupo D es incierta para los de Núñez. Primero está Liga de Quito, con 6 puntos. Después, todos tienen 3 unidades, aunque Binacional ya jugó y perdió con los ecuatorianos. Para River sería clave no perder en el Morumbí para ganar oxígeno pensando en lo que viene. 

# Racing. Se cruzará en el Cilindro con Nacional, también con minutos oficiales encima. El Grupo F muestra a los de Avellaneda primeros con 6 junto a los uruguayos, con espalda para resistir ante otros dos equipos modestos como Estudiantes de Mérida (3), que ayer también recién volvió a competir y logró su primera victoria contra Alianza Lima (0).  

# Defensa y Justicia. Está muy pero muy complicado porque entrega ventajas en todo. Llega sin minutos amistosos y sin puntos en el Grupo G. Arrancará jugándose todo con Delfín de Ecuador (1), ya sabiendo que no fue tan malo el empate entre Santos (7) - Olimpia (5). El equipo de Hernán Crespo no puede fallar.

# Tigre. Perdió sus dos partidos, marcha último en el Grupo B y encima reiniciará en Paraguay, contra Guaraní (3). Ya sabe que Palmeiras (9) venció a un Bolívar (3) con cero rodaje. El equipo de Gorosito ganando se acomodaría porque, excepto el líder brasileño, todos quedarían segundos. El tema es cómo.

Las incógnitas deportivas desbordan a los cinco argentinos y se suman a un cóctel de incongruencias atadas a la organización y a la aplicación de los protocolos anti-coronavirus. La obsesión era poner una fecha y reanudar la Copa como sea.

Los dirigentes de los clubes argentinos en cierto modo son culpables. Es que jamás agitaron con intensidad y convicción el regreso a los entrenamientos, mientras en el resto de los países se ponían en marcha. No creyeron que la Conmebol aceleraría de verdad y avanzaría a fondo. Cuando reaccionaron ya casi no había tiempo y Argentina empezaba a vivir el tramo más caliente de la pandemia. 

Al cabo, los equipos no están autorizados a jugar el torneo local argentino y no saben cuándo arrancarán, pero sí corren detrás de la pelota por la Libertadores. Como si el virus diferenciara entre campeonatos domésticos e internacionales. Aquí, claro, el Gobierno Nacional hizo lo suyo al no dar vía libre a la competencia propia. Tampoco los entrenadores y los jugadores se quejaron con fuerza y a tiempo. 

Ahora les toca a los equipos argentinos en la Libertadores. Y no parece fútbol profesional, porque no competirán de igual a igual. Es lo que hay. Fanáticos del resultadismo, fanáticos del paladar fino, abstenerse. A comprender todo. A no exigir triunfos. A no condenar derrotas. Boca, River, Racing, Defensa y Tigre no podrán ser evaluados a fondo. Si apelan a cualquier excusa sin ponerse colorados, esta vez habrá que escucharlos. Tienen permiso para papelones. Está prohibido criticar.

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