Opinión

Messi y Riquelme: La magia duró apenas un suspiro

Este miércoles cumplen años y algunas veces lo festejaron juntos en la selección; compartieron un Mundial, una Copa América y los Juegos Olímpicos, pero hubo hechos que los separó para siempre

Por Martín Castilla

Juan Román Riquelme y Lionel Messi, tras una práctica de la Selección(EFE)

Juan Román Riquelme y Lionel Messi, tras una práctica de la Selección | EFE

En ciertas ocasiones compartieron sus cumpleaños en la selección, pero no tanto como el fútbol hubiese querido. Asomaron en el escenario internacional en los juveniles argentinos, esperaron su momento y finalmente de la mano de José Pekerman tuvieron su oportunidad en la selección mayor. Juan Román Riquelme y Lionel Messi festejan su cumpleaños hoy: 24 de junio. El actual vicepresidente de Boca cumple 42 ya sin el cosquilleo de patear dentro de una cancha y la figura del Barcelona festeja 33 con la ilusión de acumular más logros en el tramo final de su carrera. 

Seguramente para la historia reciente de la selección argentina no existe autocrítica más dolorosa que asumir que no pudo juntarlos por más tiempo. La primera experiencia juntos fue en las eliminatorias para el Mundial de Alemania 2006. Después de ser campeones mundiales en los juveniles (Riquelme en Malasia 97 y el rosarino en Holanda 2005), la camiseta argentina los reunió el 9 de octubre de 2005, en el Monumental, cuando la Argentina le ganó 2-0 a Perú y el primer gol lo hizo Riquelme, de penal, tras una falta sobre la Pulga. Ya se habían conocido en algunos asados organizados por Josep Minguella, en Barcelona, en tiempos en los que uno jugaba en la primera blaugrana y el otro se convertía en uno de los jugadores que más expectativa generaba desde las categorías menores de La Masía.

En Alemania 2006 la selección se preparó con Riquelme como estandarte. Pekerman confió en él la conducción del equipo, pero tampoco se olvidó de las recomendaciones de Hugo Tocalli para que sumara a Messi a la lista definitiva. Así fue como este rosarino de 18 años pisó con timidez en la concentración argentina y se sorprendió al verse como protagonista de las gigantografías de publicidad en tierra germana. Compartieron 16 minutos el día del inolvidable 6-0 a Serbia y Montenegro (Messi marcó el último tanto), 70 minutos en el 0-0 con Holanda y 37 minutos el día del golazo de Maxi Rodriguez a México (un día como hoy hace 14 años). La despedida en esa Copa del Mundo es recordada por el papelito de Lehmann en los penales, pero también porque Pekerman lo sacó a Riquelme y dejó a un joven Messi en el banco de los suplentes. Una postal que quedó para la posteridad.

Después de Alemania, ambos compartieron capítulos con idas y venidas en la selección. En septiembre de 2006, ya con Alfio Basile como entrenador, Riquelme renunció por primera vez a la selección con el argumento de que su mamá sufría las críticas que él recibía por su rendimiento. En Barcelona, de la mano de Frank Rijkaard, Messi se convertía en uno de los jugadores que más expectativa generaba en el fútbol internacional. Al mismo tiempo que gambeteaba las preguntas sobre Riquelme, el Coco tenía decidido darle la titularidad a Messi en la albiceleste. Finalmente, la Copa América de Venezuela 2007 fue una oportunidad para ponerlos juntos y regaló las mejores versiones entre los dos. Astuto y cerebral, Riquelme tuvo una buena conexión con un Messi de arranques explosivos y eficacia. En todo el certamen demostraron ser capaces de cambiar el curso de los partidos, pero llegó la final perdida con Brasil (0-3) y la felicidad no pudo ser completa.

Se daría un capítulo más de luces compartidas entre Riquelme y Messi en la selección, pero en esta oportunidad en los Juegos Olímpicos de Beijing, donde de la mano de Sergio Batista se unió la magia de uno y otro en función de darle la segunda medalla dorada al fútbol masculino. Después de un Mundial y una Copa América, Beijing 2008 fue el último torneo que compartieron Messi y Riquelme con la camiseta de la selección.

La segunda etapa de Basile en la selección mayor quedó inconclusa y antes de su renuncia comenzaron a cruzarse versiones encontradas. Antes de la derrota con Chile (0-1) que marcó el final del ciclo, los comentarios indicaban que Román se enfrentó a un grupo de jugadores jóvenes que no comulgaban con los "códigos" del ‘Coco’. "A veces parece que me quieren culpar de todo en Argentina. En cualquier lío que se genera me meten a mí aunque no tenga nada que ver. Por eso siempre me dedico a lo que sé, que es jugar al fútbol”, fue la respuesta de Messi ante esas versiones.

Con la llegada de Diego Maradona como entrenador, se esperaba por una sociedad Messi-Riquelme que tomara el legado del “Diez”. Que el talento se alzara por encima del legado y que pasara a la historia grande, en la galería de los elegidos y el recuerdo eterno… No fue así. Tras un amistoso con victoria sobre Francia (2-0, en Marsella) en el que no estuvo Román, según las crónicas de esa gira, los jugadores de la selección cantaron ¨Hay que alentar, estamos todos, no llamen más”. Luego, Maradona temió por un choque generacional y por las diferencias que podía provocar el regreso de Riquelme. Y llamativamente, en declaraciones públicas, el DT impuso condiciones y puso en duda el estado físico del capitán de Boca: “Lo quiero de enganche, en los últimos 20 metros para marcar diferencia, con velocidad mental para habilitar a los delanteros y que llegue al gol, pero el otro día lo vi en la cancha de Boca y no sé si tiene problemas físicos o qué, pero así no me sirve”. La respuesta de Riquelme no se demoró: “Me enteré por la tele que el entrenador me ve muy mal. La realidad es que con el técnico del seleccionado no coincidimos mucho. Mis códigos no son los de él y está claro que nosotros dos no podemos trabajar juntos”. Punto final.

Una misma camiseta los unió: la Argentina. Cada uno con diferentes personalidades y roles. Festejaron algunos cumpleaños en la concentración albiceleste, pero pudieron ser más. Ambos con la obligación de demostrar que, juntos, podían conformar esa sociedad que la Argentina necesitaba para reverdecer sus laureles. No pudo ser. El fútbol aún lo lamenta.

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