Opinión

La peor derrota de Messi sería irse así del Barça

El genio debe quedarse. Decir adiós ahora sería renunciar al partido más difícil: el de la reconstrucción del equipo donde creció hasta transformarse en un megacrack. A Leo se le presenta el desafío más grande en el Barcelona: empezar de nuevo, con chicos llenos de sueños, con un plantel bien distinto, con otro técnico, apostando a recuperar la identidad, hablando a tiempo

Por Quique Gastañaga

Lionel Messi en la derrota del Barcelona ante el Bayern Munich por los Cuartos de Final de la Champios(EFE)

Lionel Messi en la derrota del Barcelona ante el Bayern Munich por los Cuartos de Final de la Champios | EFE

No puede ser la última foto de Messi en el Barcelona esa paliza contra el Bayern Munich. No lo merecen ni el genio ni su carrera de cuento con esa camiseta tan especial. A los 33 años, cuando su final como futbolista ya no queda tan lejos, se le presenta a Leo el desafío más grande en su etapa de pantalones cortos: ser el líder de una renovación desbordada por las incógnitas más diversas. No sería lógico que semejante crack renunciara al partido más difícil, el de la reconstrucción. La peor derrota de Messi sería irse así del Barça.

Me veo más fuera que dentro”, le dijo Messi a Ronaldo Koeman, flamante DT blaugrana. Ese es el problema. El trascendido de la primera reunión entre ambos, con formato de almuerzo, coincide con lo que unos días antes había señalado el mismo periodista que anticipó en su momento la partida de Neymar a París. Con sus silencios, Leo avala.

Ahora bien: ¿para qué Leo abandonó las vacaciones y se reunió con Koeman si se siente más fuera que dentro? ¿Hasta dónde Messi deja correr los rumores para que todos se inquieten con su eventual adiós y tomen las decisiones que necesitan el Barcelona y también él? ¿Hasta dónde las versiones nacen de una confusión genuina del crack o forman parte de una estrategia de presión? Messi sabrá. Pronto se verá.

Como en cualquier ámbito de la vida, también pasa en el fútbol: los ciclos dulces pueden durar más o menos, pero ninguno es eterno. El Barcelona no es la excepción. Pasó Puyol. Pasaron Xavi e Iniesta, cerebros perfectos que no se reproducen con facilidad. Pasaron Dani Alves y Neymar, dos de los brasileños más virtuosos. Pasó Guardiola. Pasó Luis Enrique. Pasaron futbolistas y entrenadores casi imposibles de copiar y pegar. Pasó el tiempo que despacio fue erosionando a otros protagonistas centrales (Piqué, Jordi Alba, Busquets, Suárez) de esta historia inigualable. 

Lo que no pasó en el Barcelona fue esta última dirigencia sin reacción, sin mirada profunda: relativizó los alertas de las dos Champions anteriores. Entonces, no insistió con técnicos de élite, no acertó en el recambio del plantel y, al cabo, descuidó la identidad. Pronto esta conducción liderada por Josep Bartomeu se irá. En marzo será. 

Ya jugados, en pleno tsunami, Bartomeu y compañía enseguida echaron al entrenador Quique Setién y sacaron del medio al Director Deportivo, al francés Eric Abidal, híper distanciado de Leo. Eligieron rápido y bien al nuevo técnico: hijo futbolístico de Johan Cruyff, tiene experiencia y personalidad Ronald Koeman. Es un hombre que no tiembla. Duro. Respetado y con historia blaugrana: fue el autor del gol de tiro libre que le dio al Barça la primera Champions League, en Wembley, en el alargue contra la Sampdoria. 

En sus primeros pasos, la sensación es que Koeman buscará que el Barcelona recupere cuanto antes la escuela holandesa y la frescura. Por algo suena como refuerzo Donny van de Beek (23 años), para asociarlo con Frenkie de Jong (23). Por algo ya incorporó a su cuerpo técnico a Alfred Schreuder, asistente de Erik ten Hag en el Ajax que la temporada pasada enamoró en la Champions. Por algo le interesa Eric García (19), el marcador central del Manchester City. Por algo quiere a Lautaro Martínez (22), el “9” que le gusta a Leo aunque también desea que siga Suárez.

Es el peor momento que vive el genio en el club. Ya lo dijo en su última entrevista, con el diario catalán Mundo Deportivo: quiere un equipo ganador. El panorama es más que incierto, pero tampoco tan desolador como para escapar. Se trata de empezar de nuevo, de querer darles una mano a chicos que emergen como Riqui Puig y Ansu Fati, de no enojarse si algún amigo debe dejar el club. También se trata de hablar a tiempo. No sólo cuando ya es tarde y no hay remedio, error que cometió tantas veces en la Selección y que repitió ahora en el Barcelona. Recién abrió la boca tras la liga perdida con el Real Madrid, cuando no había espacio para ningún cambio de fondo. 

Las raíces de Messi con el Barcelona son tan fuertes como profundas. Leo fue rescatado por el club cuando era niño. Después, devolvió esa apertura de puertas transformándose en uno de los mejores futbolistas de la historia e impulsando al Barça a una situación de grandeza que jamás había vivido y casi con seguridad no volverá a repetir. Casi siempre en modo fenómeno, Messi no le debe nada al Barcelona. Casi siempre ofreciéndole lo mejor, el Barcelona no le debe nada a Messi. Están a mano. 

Eso sí, no vale como excusa para abandonar el barco. Es el momento para que Leo vuelva a mostrarse diferente a los principales fenómenos de su época. Cristiano Ronaldo voló del Real Madrid para demostrar que podía ser rey en la Juventus. Neymar se fue del Barcelona para salir de las sombras de Leo y eligió a un PSG vacío de títulos para ratificarse como el número del mundo. A Messi ya nadie podría reprocharle que elige la comodidad si se queda en el Barça y se hace cargo de esta traumática realidad. Y de pasada, marcaría distancias con el portugués y con el brasileño. 

Ganar sería darle la mano al Barcelona para reinventarse. Ganar no es sólo igual a levantar la Orejona ante la mirada de todo el planeta futbolero. Muchas voces comprenden la posibilidad de partida de Messi del Barcelona porque quiere ser campeón siempre, por su espíritu competitivo. Por otro lado, títulos de clubes a Leo le sobran. De esa copa tan seductora, por ejemplo, ya tiene cuatro. No necesita más estrellas.

Tal vez la cláusula de salida fijada en 700 millones de euros aparezca como la verdadera traba para su adiós. Sin embargo, tendría que ser apenas un detalle. Para alguien tan competitivo, no debería existir anclaje mayor que borrar esa última foto con el Bayern Munich, que encima se suma a las de Roma y Liverpool. No hay vueltas. La peor derrota de Messi sería irse así del Barça. Debe quedarse.

Comentarios