Opinión

La Bombonera late, pero no asusta

No hay mejor lugar para sentir el fútbol que el estadio de Boca. Sin embargo, esa cancha no gana sola. Ahí los xeneizes, aparte de observar el renacer internacional de River, perdieron finales, fueron derrotados en partidos increíbles y padecieron múltiples goleadas inclusive ante rivales modestos. Es más: las versiones ultraganadoras de Carlos Bianchi varias veces debieron buscar afuera lo que habían resignado en casa. Más: la Selección en ese sitio recibió el mazazo más duro de su historia

Por Quique Gastañaga

La Bombonera

La Bombonera

Es para la Bombonera una semana especial porque acaba de festejar su cumpleaños 80 y porque de nuevo la Selección, según blanqueó Lionel Scaloni, la escoge como el escenario donde más a gusto se siente. Todo se comprende. El paso a paso de su construcción. Los recuerdos de las grandes hazañas. El homenaje a todas aquellas glorias que aportaron a la grandeza de Boca con sus talentos, con sus goles, con sus esfuerzos, con sus atajadas. Todo se justifica. También la elección del técnico celeste y blanco. ¿Quién no quisiera jugar y/o dirigir sintiéndose local en la Bombonera? Ahí la música futbolera suena mejor que en cualquier otra cancha del mundo. Ahí las tribunas y el césped de verdad se mueven. Ahí se disparan sensaciones únicas, tan diferentes que confunden. Es que impulsan a creer que no existe sitio más complejo para visitar que esa cancha. Si hasta parece que tiene vida propia. Se trata de un mito que encierra una colección brutal de verdades irrefutables, aunque también se filtran muchas desmentidas. En definitiva, la Bombonera late, pero no asusta.

En la inmensidad que representa Boca, también la Bombonera resulta un símbolo de grandeza absoluta. Fue testigo de hazañas que todos envidian, cobijó a múltiples futbolistas que se transformaron en leyendas, observó a sabios entrenadores que marcaron una huella y promete más. Mucho más.

Sin embargo, la Bombonera no es inmune a los Bombonerazos. En ese templo se coronaron desilusiones impactantes. Las sufrió Boca. Las padeció también la Selección Nacional. La lista es más que extensa.

Ahí mismo, en la mítica Bombonera, se fortaleció al extremo este River de Gallardo que marca una época de cuento. Y lo empezó a hacer River, vaya paradoja, con esa garra de la que Boca siempre se jactó, con pierna dura, al límite, en el 0-0 de la ida en la Sudamericana 2014. Después, vino el gas pimienta en la Libertadores 2015, con Boca impotente para romper el cero en el primer tiempo tras perder en el Monumental. Y la primera final de la Libertadores 2018, con River remontando dos veces el resultado en ese estadio tan especial hasta llegar al 2-2. Y las semis de la edición 2019, con Boca eliminado en su casa a pesar de ganar 1-0, por culpa del 0-2 en Núñez.

En el medio, River bajó dos veces más a Boca en la Bombonera por torneos locales: el 3-1 de 2017 con goles de Pity Martínez, Alario y Driussi; y el 2-0 un año después, con gritos otra vez del Pity más el de Scocco. Más lejos en el tiempo se registran tres victorias millonarias por 3-0 en esa cancha: en 1951, 1994 y 2002. Hubo un 5-2 en 1980.

Más allá de los últimos superclásicos, hay otro dato ultra contundente: de las 11 finales de Libertadores en casa, los xeneizes apenas ganaron 4, empataron 5 (el 0-0 con Olimpia en la revancha de 1979, el 2-2 con Palmeiras en la ida de 2000, el 0-0 con Once Caldas en la ida 2004, el 1-1 con Corinthians en la ida de 2012 y el 2-2 con River en la ida de 2018) y perdieron 2 (1-2 en la vuelta con el Santos de Pelé en 1963 y 0-1 con Cruz Azul en la revancha de 2001). 

No sólo en tres de sus cuatro finales de Libertadores la versión ultraganadora de Carlos Bianchi debió salir a buscar de visitante lo que no había encontrado de local. También en otras instancias le pasó: empató con Palmeiras en semis de 2001 y perdió con Paysandú en octavos de 2003.

Más tarde, ya en otras etapas, tampoco se olvidan otras frustraciones coperas estruendosas en la Bombonera. Ahí mismo, en 2009, tras un 2-2 en la ida jugada en Montevideo, Boca fue superado 1-0 por Defensor y quedó eliminado en octavos. Hace poco, el verdugo fue Independiente del Valle de Ecuador, que despidió a Boca en semifinales de la Libertadores 2016 venciéndolo 3-2 en ese estadio que muchos dicen que atemoriza a cualquiera.

Muchos equipos pasaron por la Bombonera y castigaron a Boca con un montón de goles. San Lorenzo pegó media decena de gritos en un tiempo: un 5-3 en el Nacional 75 con doblete del Gringo Scotta. Además, los de Boedo gozaron un 5-2 en 1943 y un 4-3 un mediodía de 1993. Independiente, aparte del fresquito 5-4 de 2012 con triplete del Tecla Farías, patentó un 5-2 en 1980. Inolvidable fue el 6-4 de Racing, con un Mago Capria imparable, en 1995, la tarde en que Mauricio Macri se transformó en presidente xeneize.

Se atrevió Gimnasia y Esgrima La Plata, con un 6-0 en 1996, el día en que se estrenó la Bombonera remodelada. Platense conmovió dos años después con un 4-0 ante el Boca del Bambino Veira. Godoy Cruz, en 2011, festejó un 4-1 en 2011 y Arsenal un 3-0 al año siguiente. Newell's había sacudido con un 5-1 en 1987. Hubo rivales aún más humildes que saborearon su Bombonerazo con goleadas, como Gimnasia de Mendoza, con un 5-1 en el Nacional 78, y San Martín de Tucumán, con un 6-1 una década más tarde.

A fines de 2006, Lanús no goleó a Boca en la Bombonera, pero lo dio vuelta tras arrancar en desventaja. Ese equipo de Ricardo Lavolpe era campeón con el empate, pero por aquel 1-2 desembocó en la final que concluyó con la vuelta olímpica del Estudiantes de Diego Simeone.

La Selección, justamente en la Bombonera, vivió tal vez uno de los peores mazazos de su historia: se quedó sin Mundial 70 por el empate 2-2 contra Perú. En el mismo sitio y al mismo rival, Argentina tampoco le pudo ganar en las Eliminatorias para Rusia 2018: en este caso fue 0-0.

No hacen faltas más ejemplos. La inexpugnabilidad de la Bombonera es un mito. ¿Cuánto conspiró la globalización para quitarle esa sensación de estadio temible para los visitantes? ¿Hasta dónde la perjudicó en ese sentido su transformación en una parada turística ineludible? Imposible determinarlo. De todos modos, resultan interrogantes que no alteran ninguna conclusión, ninguna sentencia. Como hincha rival o como imparcial, aunque sea al menos una vez en esa cancha es imprescindible disfrutar. No hay mejor lugar para sentir el fútbol. Eso sí, la Bombonera no gana partidos. Late, pero no asusta.

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