Opinión

Gallardo jamás igualará a Bianchi

A los 44 años, lo del Muñeco es fabuloso: ganó 12 títulos como técnico, entre ellos la final histórica de Libertadores en Madrid, y puede superar los 15 que atrapó el ya retirado Virrey. Sin embargo, en calidad de estrellas, es imposible que equipare a Bianchi, quien obtuvo tres veces la Intercontinental, dos con un gigante como Boca y una con un equipo no tan grande como Vélez. A Gallardo le juegan en contra estos tiempos que ubican al fútbol argentino cada vez más lejos del europeo. Después, están los estilos y los gustos...

Por Quique Gastañaga

Carlos Bianchi y Marcelo Gallardo(Fotobaires)

Carlos Bianchi y Marcelo Gallardo | Fotobaires

En la carrera furiosa de su fantástica reinvención después del descenso, River se esfuerza por mostrarse superior a Boca en todo. Aunque no haya ganado la misma cantidad de Libertadores, aunque no haya sido campeón del mundo en esta nueva era, pone sobre la mesa la final de la Copa gozada en Madrid, el partido más importante de la historia del fútbol argentino, y sostiene que nada con ese hito se compara. También se enorgullecen en Núñez por la paternidad superclásica gestada en estos nuevos dulces tiempos. Y adoran con razón total a Marcelo Gallardo, por supuesto. Tanto elevan al técnico impulsor de esta revolución de cuento que pretenden ubicarlo a la misma altura de Carlos Bianchi. Ahí exageran: el Muñeco jamás igualará al Virrey.

El corazón de la sentencia late en un argumento central: la colección y la calidad de estrellas. Bianchi golea a Gallardo en títulos mundiales. Es un 3 a 0 contundente. Inapelable. Dibujado con dos coronas logradas con Boca, un gigante del tamaño de River, pero también con una tercera conseguida con un club no tan grande como Vélez, matiz que por supuesto multiplica el valor de la conquista. Ese combo pesa mucho más que la final superclásica que River ganó en Madrid de la mano del Muñeco.

Es una carrera mano a mano imposible de ganar para Gallardo. Es que el contexto le juega en contra. No se trata de un problema de capacidades. Podrá sumar Gallardo a su palmarés como DT otras Libertadores, pero hoy la competencia en el Mundial de Clubes resulta brutalmente desigual inclusive para River y Boca. No hay ninguna señal como para creer que la tendencia se pueda revertir en el corto y mediano plazo. Al contrario, todo indica que las diferencias de presupuestos se acentuarán y el fútbol argentino cada día estará un poco más lejos del europeo.

No lo ayuda a Gallardo esta época aunque siga mucho tiempo más en River. Y si optara por dirigir a un club argentino más chico, algo hoy por hoy inimaginado, la posibilidad de éxito se le reduciría tanto que sería nula.

Fue descomunal lo del Virrey: ¡asombró al mundo conquistando tres veces la Copa Intercontinental! Con Vélez, arrodilló al Milan de Fabio Capello, que en cancha contaba con Baresi, Maldini, Boban, Donadoni, Desailly, Savicevic y Massaro, entre muchas figuras. Con Boca primero frustró al galáctico Real Madrid de Vicente Del Bosque, quien bajo su mando tenía a Figo, Raúl, Roberto Carlos, Hierro y Casillas, entre otros. Tres años más tarde, en su segunda etapa en el club, de nuevo castigó al Milan, en este caso de Carlo Ancelotti, quien dirigía a Pirlo, Kaká, Seedorf, Maldini, Cafú, Shevchenko, Gatusso y Dida, entre tantas estrellas.

Al Muñeco le juegan en contra sus dos aventuras en Mundiales de Clubes con River. Al inmenso Barcelona de la MSN (Messi-Suárez-Neymar) no le pudo ni siquiera hacer un rato de partido y no terminó en una escandalosa goleada porque los catalanes se apiadaron.

La sensación es que Gallardo dejó escapar la segunda oportunidad que se le presentó después de ganarle la final histórica de Madrid a Boca. No pudo enfocar a sus jugadores para el Mundial de Clubes que estaba a la vuelta de la esquina. En lugar de aprovechar el envión anímico para ir por un Real Madrid que no metía miedo, el River del Muñeco tanto se desinfló que ni siquiera desembocó en el último día, en ese partido decisivo, y terminó eliminado en los penales por el híper modesto y desconocido Al Ain de Emiratos Arabes Unidos. ¿No pudo con el estrés que le había generado ese superclásico tan especial, demorado y mudado al Santiago Bernabéu? ¿A un equipo de Bianchi le hubiera sucedido algo así? Imposible saberlo. Lo cierto es que se trató de una frustración estruendosa, sólo relativizada porque River venía de ganar el partido más importante de su historia.

Hay otro ítem en el que Gallardo pierde con Bianchi, aunque esa ecuación es mucho más sencilla de resolver que los títulos mundiales. Resulta muy extraño que el Muñeco no haya atrapado una liga argentina como técnico de River. Esa cuenta seguro la saldará. Sólo es una cuestión de tiempo. El Virrey ostenta tres torneos locales con Vélez y cuatro con Boca; Gallardo, uno con Nacional de Montevideo.

Después, brotan otros matices. Gallardo transformó a River en un especialista en superclásicos. También Bianchi lo había hecho con Boca. Y están los estilos... El Muñeco suele plantar formaciones más vistosas, más dinámicas, más intensas. El Virrey apelaba a construcciones más ordenadas, más equilibradas, más calculadoras. Cuestión de gustos. De todos modos, como corresponde a los entrenadores excelsos, coinciden en la adaptación a los futbolistas de ocasión, a los momentos y a las circunstancias. También igualan en la capacidad de liderazgo, en la intuición, en la proyección de futbolistas jóvenes y en la cabeza fría para tomar las decisiones más calientes, sin importar los apellidos.    

El atrevimiento de la sentencia no apunta a menospreciar a Gallardo. Todo lo contrario. Es fantástico el recorrido como entrenador del Muñeco. De hecho, hoy apenas tiene 44 años. A esa misma edad, por ejemplo, Bianchi recién ganaba su primer título como DT en Vélez...

Contando todas sus vueltas olímpicas como técnicos, el Virrey suma 15 contra 12 del Muñeco. Es más que probable que Gallardo en cantidad lo supere. Bianchi, a los 71, está retirado, ya no puede seguir ganando y surge frágil en dos rubros que tal vez le sirvan al entrenador de River para arrimársele: nunca dirigió a la Selección y en Europa no alcanzó su mejor versión ni en la Roma ni en el Atlético de Madrid. Sin embargo, nada que logre el Muñeco de celeste y blanco o en aventuras europeas será tan difícil de conseguir como lo que el Virrey celebró en Liniers y en La Boca. Al cabo, Gallardo jamás igualará a Bianchi.

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