Opinión

El silencio de los domingos

La pandemia por el coronavirus nos dejó sin el juego que más nos gusta y mejor jugamos los argentinos

Por Leonardo Gentili

Las tribunas sin ver fútbol(Fotobaires)

Las tribunas sin ver fútbol | Fotobaires

Una de las cosas que más conmueven de esta cuarentena es el silencio de los domingos. Se extrañan los sonidos del fútbol, las hinchadas, los gritos de gol, los uhhhhhhhh de los que se lamentan por lo que pudo ser y finalmente no fue, los bocinazos de la victoria y los insultos de quienes mastican la bronca de la derrota.

Eduardo Sacheri, en uno de sus cuentos, escribió: "Cuando uno recuerda es porque no tiene aquello que recuerda" y hoy nos toca recordar aquello que nos falta, los trapos, los papelitos, la incertidumbre en la previa de cada partido, bah, en definitiva nos quedamos sin partidos. No hay a quien ovacionar, ni a quien silbar. Sufrimos el mal de ausencia de los cantitos, los abrazos, los saltos. Hasta echamos de menos el sinsabor de un mal resultado.

¡¿Cuánto daríamos por ver a un arquero sosteniéndose en el aire más de lo que cualquiera pudiera hacerlo desafiando la ley de gravedad!? O ¡¿Un delantero entrando a definir por donde los goleadores presagian orgasmos haciendo que la platea se ponga de pie!? Hasta nos pondríamos de acuerdo y unánimemente aplaudiríamos a los árbitros al salir a la cancha. Lo cierto es que de momento solo nos quedan lo vivido, la ilusión del regreso y la certeza de que cuando la número cinco vuelva a rodar, los goles se van gritar más fuerte y el fútbol volverá a ser, como nos enseñó Galeano, la única religión sin ateos... Amén.

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