Opinión

El Barsa de Messi no existe más

El Bayern Munich le ha recordado al Barcelona cómo era aquel fútbol al que el equipo más maravilloso de todos no volverá jamás. En la patria de Cristiano Ronaldo, el equipo del argentino sufrió la peor goleada de su historia en Europa. El campeón alemán jugará la octava semifinal de las últimas diez Champions que disputó

Por Ignacio Fusco

FC Barcelona vs Bayern Munich(EFE)

FC Barcelona vs Bayern Munich | EFE

Rarísimo que fuera Rusia y no este Bayern quien anunció primero que ya tenía la vacuna para el Covid. En el silencio de Lisboa, el campeón alemán lo ha hecho todo: presión voraz en la salida, velocidad máxima en cada pase, volantes y laterales insaciables, siete tipos siempre en ataque, imaginación. En el 5-2 llegó gambeteando el 3 y en el área chica la empujó el 4, pero lo peor no fue eso: lo peor fue que Kimmich y Davies se abrazaron como si el gol se lo hubieran metido al Paderborn. En la patria de Cristiano Ronaldo, el Barcelona de Messi ha llegado a su fin. Ya está, hemos crecido todos, hay hijos, hay panza, frustraciones, cansancio, estamos viejos, ya está. Ahora sí: se terminó. El Bayern Munich le ha recordado al Barsa cómo era aquel fútbol al que el equipo más maravilloso de todos no volverá jamás.

Messi se la pasó repitiendo durante las últimas dos temporadas las palabras que el club debía exorcizar: Roma, Anfield, Roma, Anfield, Anfield, Roma. Se escribe club y no jugadores porque el Barsa es un equipo que no tiene 9 suplente y al que lo terminó dirigiendo Quique Setién. En 2018 –recordaba Messi– habían perdido 3-0 contra la Roma en cuartos, en 2019 había sido aquel 4-0 metalero del Liverpool y en 2017 –de ésta el capitán se había olvidado– habían perdido 3-0 contra la Juventus en Turín. O sea: hace cuatro temporadas consecutivas que el Barcelona se despide de la Champions con la pintura rascada, el guiño roto, los dos paragolpes abollados y la promesa indeclinable, por supuesto, de replantearse todo y cambiar. “No se puede competir así”, se enojó Piqué después del 2-8, la peor derrota de la historia europea del club. Hasta es extraño leerlo, hay que hacerlo de nuevo: 2-8. Ocho a dos. Contra un equipo en el que metieron goles seis tipos distintos. Contra un equipo en el que entró y festejó un doblete Coutinho, que cuando le sirvió el sexto a Lewandoswky (14 goles en la edición de Champions, uno más que los récords de Messi en 2011 y 2015), entre Griezmann y Semedo lo miraron más tiempo que la defensa de River a Palermo en el Muletazo de la Libertadores 2000. 

El Barcelona ha llegado adonde ha llegado –en todas y cada una de estas últimas temporadas– porque Messi jugaba como jugó. Era como estar de vuelta en la Selección Argentina pero mantener la inmunidad de allá: el tiro libre al Liverpool, el doblete en Londres al Tottenham finalista de la última Champions League. Quince años después, el estigma parece haberlo alcanzado: tiene a Sergi Roberto de 8, a Vidal de carrilero como si estuvieran todos atrapados en un equipo de Caruso Lombardi, a Busquets que mira cómo Goretzka se mueve un cuerpo a su izquierda y la pone, de espaldas y de primera, para que despegue y fulmine el 3-1 Gnabry. No es que nos importe demasiado el Barcelona: es que el mejor fútbol del mundo lo juega ahora Ilicic, Upamecano, Foden, tipos que hasta hace veinte minutos no estaban en el zapping habitual. El álbum de figuritas se ha marchitado hace rato. Hay que ir al kiosco otra vez a comprar.

Mientras tanto, el futuro sigue siendo eso que inventa Alemania. El Leipzig de Julian Nagelsmann (que nació un mes después que Messi, en julio del 87) jugará el martes a las 16 una de las semifinales contra el PSG de Thomas Tuchel. Los dos han contado en decenas de entrevistas que su primera luz como entrenadores ha sido Guardiola. En 2008, Tuchel lo llamó a Nagelsmann, que tenía 21 años, para que fuera a trabajar con él. Dos mil ocho: el año en el que Pep llegó a Barcelona. Ya adulto, Nagelsmann le manda ahora videítos a Guardiola con estrategias que ha pensado para su equipo y el ex técnico del Bayern le contesta, se ponen juntos a pensar. Ah, el Bayern: octava semifinal en sus últimas diez Champions League. El Bayern: un equipo que en sus últimos 19 partidos ganó apenas 19, la vida que antes duraban los Apertura y Clausura que ya no existen más. Y ahora, en semis, el campeón de la Bundesliga quizá vuelva a verse con el hombre que fue su último reinventor. Todos han bebido de la luz del Barsa. Y el Barsa, como un sabio gigantesco que ha creado un pueblo, simplemente se apagó.
 

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