Opinión

Carrascal tiene todo para ser más que Juanfer

River goza otro pleno de Gallardo. El “Neymar colombiano” ya cautiva creyendo en el arte de la gambeta, a pura fantasía, con elegancia total. La comparación con Quintero resulta inevitable: seguro que lo puede superar. Se trata de un jugador con múltiples herramientas, avaladas por otras ventajas que pasan por lo físico y por lo que representa formatearse de la mano del Muñeco. De Carrascal dependerá.

Por Quique Gastañaga

Carrascal se lució ante Nacional(Juan Razquin)

Carrascal se lució ante Nacional | Juan Razquin

El hallazgo más valioso de River en este último tiempo también representa una alegría para el fútbol argentino. Es que Jorge Carrascal no es sólo un jugador para que disfruten los fanáticos de la banda roja en diagonal. Se trata de un talento para que gocen todos aquellos que aman este juego fabuloso. La camiseta no importa. En medio de tantas mediocridades, vale celebrar la explosión del Neymar colombiano. Aquí está Carrascal, decidido a escribir su historia a pura fantasía, disparando múltiples sensaciones y también impulsando sin querer diversas comparaciones. Por ejemplo, ¿logrará superar todo aquello que generó Juan Fernando Quintero, su compatriota que supo instalarse para siempre en la historia millonaria? ¿Por qué no? Carrascal tiene todo para ser más que Juanfer.

La partida de Quintero a China había llenado de preguntas y de inquietudes a River por los modos de la transferencia y por el vacío que provocaba en el plantel de Marcelo Gallardo, más allá de sus lesiones, más allá de que no siempre fuese titular. Hoy nadie habla de ese colombiano que marcó el gol clave en Madrid, el segundo contra Boca en el duelo de equipos más importante de la historia del fútbol argentino. Hoy nadie lo extraña al Nalgón porque explotó Carrascal.

A River le venía costando encontrar una versión convincente en el juego del medio hacia arriba porque algunos jugadores claves habían bajado su nivel (Nacho Fernández) y porque los delanteros habían perdido precisión en el instante de la última decisión. Carrascal, en cada ingreso lúcido, reclamaba mayor espacio que el de un suplente que ofrece una interesante alternativa de recambio. Astuto, sabio observador, Gallardo le dio vía libre. Adentro. Titular en los choques de cuartos de final de la Libertadores contra Nacional. A volar.

Y Carrascal vuela con naturalidad. Con desplazamientos tan ágiles como desbordados de elegancia, proponiendo el mano a mano. Con una pisada, con un taco, con un control de colección, con una pegada sensual. Con un enganche hacia dentro o saliendo hacia afuera, cambiando el ritmo, manejando con criterio los tiempos de cada acción. Carrascal cree con fuerza total en el arte de la gambeta, en ese ítem del juego que el fútbol nuestro desde hace un tiempo olvidó. Vive pensando cómo engañar, cómo mentirle al rival.

Después de la goleada al frágil Nacional en Uruguay, Gallardo le destacó a Carrascal “su calidad técnica, su fantasía en el juego. Va ganando confianza, minutos. Mostró nuevamente que es un jugador diferente y que el equipo lo puede necesitar en este tipo de partidos”. Es así. River necesitaba a Carrascal.

El Muñeco rescató a Carrascal del fútbol ucraniano a principios de 2019. Luego, supo esperarlo y respaldarlo a pesar de las desconfianzas que en algún momento había generado. Lo convenció para que no se fuera a Rusia en el último mercado de pases. Al cabo, repitió la costumbre que tan buenos resultados también le había dado con Pity Martínez, con De la Cruz, con Juanfer, con Borré...

Tiene 22 años Carrascal. ¿Hasta dónde habrá llegado en el fútbol cuando festeje los 27, la edad que hoy tiene Juanfer? ¿Qué logrará en River? ¿Será capaz de dejar una huella tan potente como aquella que marcó Quintero? Todo se responderá con el tiempo. Igual esas son otras cuestiones que aquí, en la evaluación estrictamente futbolística, no pesan. Claro que esa diferencia de calendario molesta llegado el momento de establecer un paralelo entre ambos, pero igual el juego vale.

Hay un detalle clave que le permite sacar ventajas al colombiano más joven: el físico. Todo lo que hace Carrascal con su 1.79 de estatura suena melódico, bello. Desde esa figura esbelta, luce más cada movimiento. Puede elaborar desde más atrás o moverse como delantero si es necesario. Juanfer, con diez centímetros menos de altura, con casi el mismo peso y con su contextura morruda, no impacta tanto, aunque preferentemente desde el rol de armador asombra por esa capacidad para aguantar la pelota y sacarse adversarios de encima.

Entre las diferencias, también surge el perfil: la pierna más hábil de Carrascal es la derecha, mientras que la de Juanfer es la zurda. Después, aunque aporta en lo colectivo, Carrascal hoy parece hacerse más fuerte en el desequilibrio individual. Juanfer, al revés, primero jugador de equipo, con pases filtrados, con asistencias, aunque después resolvía por sí solo, como en Madrid.

Fue curioso lo de Quintero en River. Nadie discutía su talento, pero le costó afirmarse y lograr una continuidad en nivel elevado. Por algo promedió 48 minutos en cancha en sus partidos millonarios. Ahí estará el principal desafío para Carrascal: consolidarse y desplegar sus capacidades notables con mínimos baches. Si lo logra, ganará con amplitud esa pulseada entre exquisitos. El Neymar colombiano, eso sí, cuenta con una ventaja que no es menor: crecerá de la mano de Gallardo. Desembarcó en enero de 2019, con 20 años. A los 22, el viaje de Carrascal recién empieza. Formateado por el Muñeco le resultará mucho más placentero. En cambio, Juanfer había llegado a Núñez apenas un año antes, a fines en enero de 2018, pero ya con 25 recién cumplidos y con una ruta más larga transitada.

El mano a mano imaginario entre los dos talentos colombianos muestra diversos matices, pero proyectado a futuro no admite dudas: Carrascal tiene todo para ser más que Juanfer.

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