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"Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha"

Hace 19 años y al borde de las lágrimas, Maradona pronunciaba una de sus frases más célebres ante una Bombonera repleta para su partido despedida. Fue una jornada en la que Diego jugó con figuras de todo el mundo.

Por Federico Del Río


"No sé con qué pagarles. Yo traté de ser feliz jugando al fútbol y hacerlos felices a todos ustedes. Esto es demasiado para una persona, para un jugador de fútbol. Les agradezco con mi corazón. Esperé tanto este partido y ya se terminó. Ojalá que no se termine nunca este amor que siento por el fútbol y el amor que me tienen. El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. Porque se equivoque uno no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha. Gracias a este templo".

Ya caía la tarde aquel 10 de noviembre de 2001. La Bombonera estaba llena y más cargada de emoción que nunca. El partido ya había terminado y ahora era el turno de él. Ahí fue, a un pequeño escenario armado en el medio de la cancha para pararse frente al micrófono, con la 10 de Boca puesta, y hablarles a los miles que estaban ahí y a los millones que lo seguían por televisión. Hace 19 años, Diego Maradona era protagonista de su partido despedida y dejaba una catarata de frases con su sello. Y una que será eterna.

Cuatro años después de su último partido oficial (un superclásico en el Monumental, en el 97), el Diez pisó la Bombonera con la camiseta de la Selección Argentina puesta, la cinta de capitán y Dalma y Giannina. La ovación que bajó de las tribunas parecía interminable y la emoción que se vivía era inigualable para Diego, para los hinchas y especialmente para don Diego y doña Tota, los papás de Maradona, que estaban presentes en la platea para vivir esa jornada tan especial en la cual el partido entre el equipo que dirigía Marcelo Bielsa -con el refuerzo del Diez- y el Equipo de las Estrellas era una mera excusa.

Lothar Matthaus, Ciro Ferrara, Davor Suker, Eric Cantona, Enzo Francescoli, Carlos Valderrama y Hristo Stoichkov fueron algunas de las figuras que viajaron especialmente para estar junto a Diego y formaron parte del equipo que dirigió Alfio Basile. Hubo un argentino en ese equipo: Juan Román Riquelme, que sería protagonista de otro hecho destacadísimo. El partido terminó 6 a 3 a favor de Argentina: Pablo Aimar metió dos goles, uno tras una asistencia de Maradona, quien convirtió dos penales, y también festejaron el Piojo López y Lucas Castroman. Suker, Cantoná y René Higuita (de penal) hicieron los tantos de las figuras mundiales.

Otro momento clave se dio después del primer gol del Diez. Hubo una falta a Julio Cruz en el área, el árbitro Juan Bava cobró penal y Diego no falló. Para festejar, se sacó la camiseta para mostrar que debajo tenía la 10 de Boca, haciendo explotar a los hinchas xeneizes que estaban en la Bombonera. Pero esa camiseta no decía Maradona, sino que decía Román. Sí, era la de Riquelme. Diego corrió a regalarle la celeste y blanca a Guillermo Cóppola y siguió jugando hasta el final del partido con la azul y amarilla que le había regalado el ahora vicepresidente de Boca.

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