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La historia de la foto de aquella visita de Diego al Bosque en 1984: el primer acercamiento entre Maradona y Gimnasia

Las historias de Gimnasia y Esgrima La Plata y Diego Armando Maradona empezaban a unirse. El Lobo estaba en la Primera B y un dirigente invitó al hoy DT tripero (quien ya era jugador del Nápoli ) a presenciar un partido en el estadio de 60 y 118. Allí conjugaron una tarde fría, una promesa cumplida, la necesidad de volver a ser para un club austero y popular, la figura del mejor futbolista de todos los tiempos, un estadio repleto. Y dos sándwiches de milanesa...

Por Arturo Bulian

Diego Maradona y su primer acercamiento con Gimnasia en 1984

Diego Maradona y su primer acercamiento con Gimnasia en 1984

Mis abuelos ocupan su tiempo de confinamiento entre Netflix y portales de noticias. Lito tiene 89 años y Myrtha 87. El se la pasa informándose en la computadora o mirando partidos viejos en un sillón que tiene adosado a la tele unos auriculares enormes por su incipiente sordera. Ella sigue las series de historia y lleva una cuenta: cinco horas diarias dedicadas a ese vicio que ya tenía antes de la cuarentena. Una vez por día salen a caminar al parque en su casa de City Bell, La Plata. No tienen horarios fijos, se levantan tarde y toman mate hasta poco antes del almuerzo. Asimilaron muy rápido las mañas de la tecnología y no son lo que comúnmente llamamos “abuelitos”. Nada de diminutivos. Los odian. Es más, nunca los llamé abuelos. Para mí, Carlos Alfredo Altuve y Myrtha Aurora Lazzeroni, son Lito y Myrtha. Simple. Ah, los asados familiares y el café semanal con amigos es lo que más extrañan de todo esto.  

Es que en las reuniones con sus hijos, nietos y bisnietos, Lito -siempre en la cabecera- se luce con anécdotas de las más variadas. Su vida es un viaje interminable a su barrio, El Mondongo; su club, Gimnasia y Esgrima La Plata; los increíbles personajes que conoció, las ciudades que recorrió, los peligros que sorteó, las amistades que cosechó. Todo está enlazado con una potencia y una música fantástica. Pero cualquier historia queda a un lado cuando recuerda aquella visita de Diego al Bosque (el estadio Juan Carmelo Zerillo) el 21 de julio de 1984. Porque si bien ya había pisado ese escenario como jugador, fue el primer acercamiento del hoy entrenador de Gimnasia y la institución platense. Allí conjugaron una tarde fría, una promesa cumplida, la necesidad de volver a ser para un club austero y popular, la figura del mejor futbolista de todos los tiempos, un estadio repleto. Y dos sándwiches de milanesa…  

Fue Myrtha quien en estos días, tras varias horas de búsqueda -y de renunciamiento a Netflix- encontró la foto. Allí están Diego, Lito (vicepresidente de Gimnasia en aquel momento) y Héctor Delmar, el presidente. De fondo, el Bosque revienta. El diario El Día había disparado la noticia con la confirmación que tuvo mi abuelo del tipo que hacía quince días había sido presentado en el Nápoli de Italia ante 80 mil personas. Maradona ya era Diego y pronto, se convertiría en leyenda. Resulta que una semana antes que se produjera la fotografía, en la cancha de Argentinos Juniors -el estadio hoy lleva el nombre completo de Diego- los protagonistas de esta historia se cruzaron. Lito lo frenó a en la entrada y lo invitó a presenciar el partido que Gimnasia jugaría días más tarde con Tigre por la fecha 25 del Torneo de Primera B. El le respondió “quédese tranquilo, dígame la hora y ahí voy a estar”. Tanto sorprendió la rápida y positiva respuesta que le pidió el número de teléfono para finiquitar la cuestión horas antes del juego. Diego accedió. 

Diego Maradona y su primer acercamiento con Gimnasia en 1984
Diego Maradona y su primer acercamiento con Gimnasia en 1984

“¿Pero qué le dije tordo? -mi abuelo dedicó su vida profesional, entre otras miles de cosas, al Derecho- ahí voy a estar”, contestó del otro lado. A partir de ese momento Lito supo que se consumaría la visita. Y la promoción de semejante acontecimiento no se hizo esperar. Ese día de julio de 1984 los gimnasistas coparon desde temprano el estadio de las calles 60 y 118 y poco después del mediodía llegó Diego en una coupé BMW “verdecita” según mi abuelo, acompañado de dos amigos. No bien bajó se dirigió a Lito con una sonrisa y subiendo el tono exclamó: “¡Y tordo, cumplí, a la hora que me dijo!”. Lito, a sus 54 años, sintió que el objetivo estaba cumplido. Y que ese joven de 24, cabello enrulado, con zapatos negros, pantalón de vestir oscuro y sweater gris, bendeciría con su presencia el resto de la temporada. Se trataba de un guiño para regresar a Primera División meses más tarde. Lo que jamás imaginó aquel vicepresidente fue que sería el primer capítulo de una historia que hoy continúa y tiene a Diego como conductor del primer equipo tripero

En la previa del partido Diego fue reconocido con una plaqueta en la mitad de la cancha. Allí se produce la foto. Es el instante escondido que rescató para siempre mi abuela Myrtha. El recuerdo que Lito debía materializar. La promesa que nos hizo a mi hermano Nacho y a mí. Hoy lo vive como un triunfo y del otro lado del teléfono describe con su voz lijada por el cigarrillo, quebrada por la emoción, que el del medio es él. Muy elegante -lo es y lo fue toda la vida- de tapado, camisa y corbata. Que Diego está a su izquierda mirando atentamente el presente que le ofrece Cacho -Delmar-. Hay extremada concentración en el gesto de Lito y una distancia de respeto para con Delmar y la estrella esa tarde que es admirable. Es lo que más me llama la atención. Como si el momento tuviera que ser de otros y no suyo, el gran responsable de esa presencia mágica. Todo el histrionismo que cultivó de chico en el barrio El Mondongo -vecino al estadio- se detuvo para ocupar el lugar institucional que le correspondía.  

Diego Maradona y su primer acercamiento con Gimnasia en 1984
Diego Maradona y su primer acercamiento con Gimnasia en 1984

La recaudación ese día duplicó la media de la temporada y superó los 850 mil pesos de aquella época. Fue victoria de Gimnasia por 2 a 0 frente a Tigre (que venía puntero) con goles de Santillán -en contra- y un tal Víctor Hugo Copito Andrada, futbolista que deslumbró a Diego, quien sentado en la platea techada le manifestó a Lito y al presidente su deseo de llevárselo al Nápoli. La operación no se concretó y Andrada continuó su carrera en Racing Club, Unión de Santa Fe, el fútbol chileno y de Bolivia. Pero hace unos meses, luego de asumir como DT del club, Diego recordaría esa jornada y la destreza de Copito, “un fenómeno”.

La historia no terminaría ahí. Para agasajar a Diego, desde la dirigencia se habían encargado de montar un catering de masas finas y sándwiches de miga. Diego y sus amigos participaron con gusto. No habían exigido absolutamente nada en todo el día. Con respeto y alegría el astro repartió saludos por doquier, se sacó fotos con el plantel y reconoció ante los medios: “Estoy verdaderamente impresionado por el apoyo que la hinchada de Gimnasia le presta al equipo. A toda esa gente le digo que siga así, para que el fútbol siga vivo”, y agregó: “Yo nunca tengo problemas para ir a un lugar donde la gente me quiere”. Un adelanto de lo que tiempo después vendría…

Diego Maradona y su primer acercamiento con Gimnasia en 1984
Diego Maradona y su primer acercamiento con Gimnasia en 1984

Pero los visitantes tenían un deseo… “Lo único que pidieron, casi con vergüenza, fueron dos sándwiches de milanesa. ¡Y cómo le voy a decir que no a Diego y sus amigos! Ahí nomás salí a buscar a un vendedor de choripanes del Bosque para que consiguiera milanesas y al rato aparecieron. No sabés cómo se los morfaron y agradecieron”. El dato que aporta Lito es fundamental para coronar una historia que pronto cumplirá 36 años. Mi abuelo para mí siempre fue Lito y Maradona, Diego. Esa cercanía que siento por ambos tenía guardada una revelación. Mi deseo, el de mi hermano Nacho y el de mi tío Carlos, es volver a juntarlos. 

Este texto me acerca a ellos. Mientras, Lito y Myrtha se levantan a cualquier hora, comparten mates hasta el mediodía, miran series y partidos viejos. Extrañan los asados familiares, el café. Y preguntan en cada llamado por el bisnieto en camino. Hay miles de fotos por delante...

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