Internacional

Messi ya no puede ocultar su dilema

El posible alejamiento de Barcelona es una cuestión latente desde hace más de un año; como nunca, ahora debe decidir si quedarse para la refundación o desafiarse en otro destino

Por Martín Castilla

Lionel Messi, en la derrota 8 a 2 del Barcelona ante el Bayern(EFE)

Lionel Messi, en la derrota 8 a 2 del Barcelona ante el Bayern | EFE

Para un futbolista no resulta fácil de comprender que, siendo alabado por todo el planeta como el mejor del mundo durante más de una década, se lo señale en el club al que llegó a los 13 años y al que le dio todo. Lionel Messi se reconoció maltratado por la gestión de Josep Bartomeu desde hace más de un año y su enfado es de tal magnitud que ya no niega las informaciones que ahora sí dan cuenta de su posible alejamiento de Barcelona.

Es curioso, el Messi de las dos caras ahora resulta fácil de ver en Barcelona. Está claro que con 33 años no es el mismo y los entornos cambian. El Barcelona del toque con Xavi e Iniesta, el del ataque compartido con Eto’o y Thierry Henry, el de la posesión de Guardiola o el del tridente MSN ya no existen a su alrededor. Juega, gambetea y hace jugar, aunque con menos frecuencia que antes. Fija la mirada en el arco, pero en la Champions la mano viene esquiva desde hace mucho tiempo. No puede desarrollar todo su potencial. Arranca con su zurda e ilusiona, pero convierte cuando puede y la adversidad lo absorbe mucho más que antes.

En su corta expedición en Lisboa, Messi volvió a sentir una profunda decepción. Con Quique Setién, con los planteos y con algunos rendimientos individuales. Deambuló perdido y sin reacción ante las embestidas del Bayern Munich. Prefirió evitar los micrófonos tras la hecatombe del 8-2. Después de exponer una de sus versiones más aciaga y de sufrir la peor derrota de su carrera, el delantero del Barça quedó abatido. Las imágenes que se vieron en Portugal fueron contundentes. Y, luego de un regreso con la mirada en el piso, se mostró taciturno y partió a los Pirineos catalanes para una reclusión junto con su esposa, sus hijos y las familias de Luis Suárez y Jordi Alba. 

Tiempo de descanso. De profundizar y abordar lo que hace tiempo deambula por su cabeza. Cabe preguntarse qué hubiese pasado si este desenlace histórico de eliminación en la Champions se daba el semestre pasado como estaba previsto por el calendario. La reunión con los dirigentes de Newell’s en Barcelona y la oportunidad de un sueño compartido fue admitida por los protagonistas. Los medios italianos confirmaron la obsesión de los dueños chinos de Inter por seducirlo, sumado a la compra de un departamento en Milán por parte del entorno del futbolista. Y no son pocos los que desde la Premier League informaron sobre una disputa de los equipos de Manchester para lograr un traspaso de alto impacto mundial. Todo está supeditado a su elección.

Messi ya deslizó ante las cámaras que el entorno dirigencial y la identidad del equipo no fueron los ideales en las últimas ediciones de la Champions. Barcelona ya no es un cúmulo de talentos que lo potencia y lo protege. No quedan dudas, el fútbol permite más de un análisis y de una visión. Tan cierto como que a Messi le llegó la hora de tomar una decisión fuerte. Sabiendo que si se va será acusado de abandonar a su amado Barcelona y, si se queda, será más responsable -él responsable- de todo lo que suceda.

Está permitido analizar, entonces, por qué ahora resulta cómodo dejar correr lo que se sabía desde hace tiempo. La relación con Bartomeu está quebrada y por eso está decidido a no darle la foto de la renovación mientras el presidente siga en su cargo. El paso del tiempo y la falta de títulos en la Champions lo han llevado a vivir distintas circunstancias a las que no estaba acostumbrado en Barcelona y a pensar en todos los escenarios posibles: ponerse al frente de la refundación o buscar otro desafío. Una idea que hace tiempo tiene en su cabeza y que ya resulta imposible de ocultar. El contexto lo empuja a una definición.  

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