Internacional

El lenguaje futbolero argentino y su influencia en España

Desde la segunda mitad del Siglo XX, el fútbol argentino ha estado representado en España por jugadores, entrenadores, periodistas y escritores que aportaron la riqueza de lenguaje de acá a los medios, los hinchas y al habla coloquial en general del país del Viejo Continente. ¿Qué palabras se usan? ¿Cómo fue la suerte de los cánticos futboleros argentinos que llegaron a imitarse?

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Por Alejandro Vieyra

La liga española se promociona con modismos argentinos

No vivimos en un mundo de razones, sino de emociones. De ahí que la cultura de cada país tiene su propia perspectiva, identidad y maneras de ver y sentir el fútbol, con un léxico y narrativa propia que nos habla de héroes, hazañas y derrotas siempre embriagadas, de pasiones exacerbadas de atracción o de repulsa por unos colores.

Desde la segunda mitad del Siglo XX, el fútbol argentino ha estado representado en España por grandes jugadores, entrenadores, periodistas y escritores que juntos han aportado una riqueza de lenguaje y contenido a los medios de comunicación, a los hinchas y al habla coloquial en general. El intercambio de neologismos, giros, modismos, anglicismos y expresiones vibrantes, han llegado a construir un género literario vinculado a lo dramático y a lo épico.

En la creación de ese identitario y particular lenguaje, que el poeta Roberto Santoro definió como la “Literatura de la Pelota”, escritores y periodistas promovieron soberbias antologías narrativas. Los cuentos y relatos de Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa, Eduardo Sacheri, José Cantero Verni o Hernán Casciari, son claros ejemplos para repensar cuánto fútbol hay en la literatura, o cuánta literatura hay en el fútbol.

El académico español Jesús Rodríguez Castañón, considera que con muchos de los argentinos que han figurado en el fútbol español viajaron también expresiones que se quedaron en España: caño, gambeta, clásico, palomita, volea, rabona, semillero, el aliento en la nuca, en bandeja, calesita, embotellar, habilitar, jerarquía, línea medular, lluvia de papelitos, pique y otras tantas más.

El proceso de esta influencia idiomática lo define en tres etapas: una primera a mediados del siglo pasado, con la llegada a España de jugadores como Alfredo Di Stéfano, Helenio Herrera, Roque Olsen y Juan Carlos Lorenzo, que décadas más tarde serían entrenadores con gran presencia mediática en la que mostraban dominio de la técnica y la táctica. Otro que brilló por su elegancia y exquisita palabra fue el mendocino Nicolau Casaus, vicepresidente del Futbol Club Barcelona entre 1978 y 2003.

Entre los años setenta y ochenta Argentina gana dos Copas Mundiales y llegan más jugadores a la liga española, entre ellos Diego Armando Maradona; y luce el Atlético de Madrid con Iselín Ovejero, “Panadero” Díaz, “Cacho” Heredia, “Ratón” Ayala. A partir de este cuarteto la hinchada del Atlético se autoapodó “indios”, en homenaje a la garra y a las melenas largas de los argentinos que ganaron la Copa Intercontinental 1974 contra Independiente de Avellaneda.  Lo de los  sobrenombres que traían los sudamericanos: el piojo (López), el payasito (Aimar), el titán (Palermo), el burrito (Ortega), el príncipe (Redondo),  lechuga (Roa), el pato (Abbondanzieri) o el Mono (Burgos), era una particularidad poco conocida en la Península, mucho más sobria, que sorprendía y desconcertaba a los hinchas españoles.

Los entrenadores también dejaron su huella, como el caso de Lorenzo, al que se atribuye “puñal” para definir al delantero; a César Luis Menotti expresiones como “achique de espacios”, “urgencia histórica”, “zona de distracción y zona de gestación”; Jorge Valdano redefinió “el miedo escénico”, al describir el ambiente y la incertidumbre previa a un partido, mientras Diego Pablo Simeone más reciente acuñó la frase “partido a partido”, que en los últimos años ha saltado del fútbol al lenguaje de la política ibérica.

La tercera etapa descrita por Rodríguez Castañón es en este siglo y la completan técnicos como  Ángel Cappa, José Pekerman, Rafael Bielsa, “Tata” Martino, Mauricio Pochettino, Héctor Cúper, Hernán Solari y otros, cuyas declaraciones en televisión, radio y prensa escrita, se unieron al análisis discursivo y metafórico de Valdano.

Fue desde los años setenta, que el periodismo tuvo con claridad esa conexión expresiva que llegó de la mano de narradores rioplatenses. Héctor del Mar dejó esa huella en el canto emocionado del gol y el colorido de eslóganes dispuesto más por el show que por el ritmo del partido. El mítico relato de Victor Hugo “barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?” del Mundial de México 86, hizo el resto...

Los periodistas españoles han recurrido más de una vez a algunas de las narraciones más brillantes o peculiares de sus colegas argentinos para ejemplificar en los medios ibéricos, de manera sonora, la pasión y el buen hacer profesional a la hora de retratar gestas en la cancha frente a un micrófono.

El folclore de cánticos futboleros argento llegó a imitarse -con suerte dispar y cuestionable gracia- en las tribunas del Atlético de Madrid, del Betis, del Valencia o del Mallorca. Los reclamos, improperios e insultos de los jugadores argentinos no pasaron desapercibidos entre los árbitros de la Liga de las Estrellas, aunque tardaron años en descifrar que “la concha de tu madre” (¡¿?!) era un exabrupto de calibre grueso y merecedora de roja directa.

Para la riqueza de lenguaje, quedan palabras reconocidas en el Diccionario de Americanismos como atajar, canillera, de puntín, zapallo y patadura. Ésta última también llegó a tener música cuando el mismísimo Carlos Gardel grabara en 1928 el tango con ese nombre y que se lo dedicara al Barcelona y en especial a su amigo y estrella del equipo, Josep Samitier, a quien el Zorzal criollo apodó “el Mago del balón”.

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