Internacional

Bilardo, Ocampos y la Masterclass

Durante la cuarentena, el Sevilla publicó un material insólito en su canal de YouTube: en 13 clases de 13 minutos cada una, el director deportivo del club, Monchi, develó y desglosó cómo trabaja el sistema de scouting de la institución, una maquinaria cuya base de datos es de aproximadamente 3.000 jugadores. ¿Cómo funciona, cómo y por qué llegó al club el volante argentino, la nueva figura que tiene la Selección? Este viernes a las 16, el Sevilla de Ocampos, Banega y el Mudo Vázquez jugará la final de la Europa League frente al Inter de Lautaro Martínez

Por Ignacio Fusco

El festejo del Sevilla(EFE)

El festejo del Sevilla | EFE

Para llegar a la final de la Europa League que este viernes a las 16 jugarán Inter y Sevilla en el silencio alemán de la ciudad de Colonia, Lucas Ocampos tuvo que superar otras barreras además de las eliminatorias frente a la Roma, Wolverhampton y Manchester United. Primero, un analista del club español que seguía la liga francesa detectó que era uno de los mejores jugadores del Olympique Marsella. Luego, ese mismo analista observó y estudió cada uno de los partidos que jugó durante el primer semestre de una temporada, entregó un informe y lo incluyó en una lista de 500 posibles refuerzos del equipo andaluz. Más tarde, ese mismo analista y otros 11 más lo observaron, durante los próximos seis meses, cada uno por su lado: todos redactaron y entregaron un informe individual. Esto, todo esto, una temporada, y la siguiente también. Finalmente, el nuevo jugador de la Selección Argentina apareció en una lista definitiva de entre seis y ocho jugadores con los que compartía posición: no zona del campo sino posición, la misma, mismísima posición. Todo este viaje, todo este camino debió suceder antes de que lo eligiera como refuerzo el director deportivo del club, Ramon Rodríguez Verdejo, alias Monchi, quien hace poco se mandó el mejor contenido digital que hizo un club durante la pandemia: en 13 clases de 13 minutos cada una, el arquero suplente del Sevilla de Carlos Bilardo, Diego Simeone y Diego Maradona (arquero que usaba, obvio, la 13) desglosó en el canal de YouTube de la institución cómo es el modelo de seguimiento, captación y elección de los refuerzos del rival del Inter de Lautaro Martínez en la final de la Europa League. Masterclass” se llamó la exposición, y acá haremos un repaso, un punteo, una transcripción de cómo funciona ese PC Fútbol real por el que también pasaron el croata Iván Rakitic, los colombianos Luis Muriel y Carlos Bacca, el argentino Joaquín Correa y el francés Lenglet.

Antes, un breve inciso, un paréntesis vital: de dónde viene este método, el principio de su obsesión. “Bilardo es la persona que más me ha influido en la vida”, ha contado Monchi en una charla buenísima que le concedió a la revista española Jot Down. En la primera clase en YouTube, de hecho, recuerda al Doctor, dice lo mismo, y luego remarca: “Me gusta tenerlo todo controlado, reducir al mínimo el riesgo (…) Además, no hay dos clubes iguales, no hay clubes que se pueda extrapolar o copiar”. 

Dice Monchi que hay tres modelos para administrar el fútbol de un club: el presidencialista (o sea, decide el presidente), el anglosajón (cuya figura es el entrenador: el Manchester de Ferguson, el River de Gallardo, el Arsenal de Wenger) y el modelo mixto, que es el que ha elegido el Sevilla para trabajar. 

“En el mixto –nos enseña Monchi– hay tres columnas: el presidente decide la capacidad económica del club, las ventas, los números. Luego está el entrenador, que decide el perfil del jugador. Matiz clave: decide el perfil, no el nombre del jugador. Lo que él dice es: ‘Yo quiero un lateral izquierdo ofensivo, con buen juego aéreo’. Eso. Y después está la última columna, la tercera pata, el tercer cimiento, que es la dirección deportiva. Luego de elaborar la información del presidente y el entrenador, es la dirección deportiva la que le pone el nombre al jugador”. 

¿Por qué es el director el que finalmente decide y no el entrenador? Porque, cuenta Monchi, en el modelo del Sevilla, te diste vuelta a saludar a alguien, volviste la vista y ya se te fue un jugador. “Entonces, lo que necesitamos es una base de datos, información segura”. Y pone un ejemplo: en 2005, Sergio Ramos se fue al Real Madrid. Empezó la temporada, jugó la 1ª fecha en el Sevilla y, como pasa siempre en el fútbol argentino, a la siguiente semana ya estaba en Chamartín: “Así que improvisamos”. Desde el Standard Lieja de Bélgica llegó Ivica Dragutinovic, un defensor serbio al que le fue bárbaro: con Dani Alves y Javier Saviola, el Sevilla fue bicampeón de la Copa UEFA (la predecesora de la Europa League) entre 2006 y 2007. Sin embargo, devela Monchi, “quise remedar algo que salió bien, porque salió bien de casualidad; después, por ejemplo, en 2016 nos pasó lo mismo con Unai Emery, que se fue al PSG. Habíamos trabajado los perfiles de los refuerzos en función de él, a la otra semana no estaba más y cuando llegó Jorge Sampaoli tuvimos que improvisar”. 

Así que, desde entonces, el Sevilla de Monchi tiene una base de datos que arranca en tres mil jugadores, luego se depura hasta tener 500, en otra fase se eligen 150 y cuando el director deportivo se sienta finalmente con un entrenador le entrega una lista con seis, siete u ocho jugadores por posición. En esa lista, como un vendedor que nos hechiza, Monchi ofrece todos los perfiles, todos los estilos, todos los colores disponibles. “Si el entrenador ya conoce a uno de esos futbolistas y le gusta, entonces ése va al top. De todos, sin embargo, le pasamos el material que tenemos, los videos, los informes, todo. En el 95% de los casos, no obstante, me hacen decidir a mí”.  

El equipo de ojeadores de Sevilla no para de trabajar nunca, y lo hace de la siguiente manera. Hay dos fases de seguimiento de jugadores: seguimiento en bruto (de julio a diciembre) y seguimiento en neto (de enero a mayo). Doce analistas se distribuyen los principales campeonatos: Alemania, Francia, Inglaterra, Italia, Bélgica, Holanda, Portugal, Argentina y Brasil. Cada uno elige una liga y, aparte, dos o tres campeonatos que el Sevilla catalogó como Clase B y C: Copa de Oro de la Concacaf, torneos de la Conmebol, las otras ligas de Europa. Cada mes, los analistas archivan cada uno el 11 ideal de su campeonato (Francia, Inglaterra, Brasil) y otro 11 ideal que nuclea a las otras ligas (México, Serbia, etcétera). Pasan los primeros seis meses. Los analistas trabajan con dos plataformas de seguimiento de futbolistas: InStat y Wyscout (la que Juan Foyth contó que había usado para conocer mejor a Everton antes de la semifinal de la Copa América frente a Brasil). Llegamos a diciembre. La base de datos original es de 500, 550 jugadores. La fase en bruto terminó.

Comienza, entonces, la fase en neto. “A partir de acá solo se trabaja con nombres”, puntualiza Monchi. Ya no hay divisiones de ligas, no hay equipos ideales: todos los analistas observan partidos, videos, estadísticas, de todos los jugadores que eligieron, se cruzan información. “Es la filosofía bilardista: reducir el error”, insiste el ex arquero. Además, se los estudia en diferentes circunstancias: cómo juegan de local, cómo lo hacen de visitante, cómo rinden cuando el rival es fuerte, su adaptación a la selección.

“Por ejemplo, Ocampos: si yo sé que de visitante no rinde mucho pero lo que buscamos acá como prioridad es abrir el campo de local, ser fuertes en casa, entonces nos sirve. Después trabajaremos para que rinda afuera, pero esa merma no nos va a sorprender. De cada jugador finalmente tengo, en total, unos 20 informes. Y miro: en la evaluación técnico táctica un analista le puso una A, por ejemplo, otro una B. Y así trabajo, miro, elijo. Por supuesto, siempre elijo las A. Nunca ficharé a un jugador que solo haya visto en video. Pero tampoco ficharé nunca a un jugador que vi solamente en la cancha”.

Estamos entonces en el filtro final. Es el turno del arquero suplente del Sevilla de Bilardo, Maradona y Simeone, temporada 92/93. Monchi se sienta frente al entrenador de su equipo con un paper que tiene entre seis y ocho jugadores por posición. Cada futbolista está desglosado en seis parámetros: perfil físico, perfil técnico táctico, las condiciones económicas necesarias para su llegada, el tiempo estimado en el que podría adaptarse, su perfil psicológico (para esto se llama a compañeros, entrenadores, periodistas, amigos) y la revalorización futura. En este último punto anida el modelo del Sevilla: comprar jugadores que no son estrellas para vendérselos a los grandes de Europa como promesas que lo serán

“Porque no hay malos fichajes –concluye Monchi–, lo que hay son malos rendimientos. Por eso mismo hay que reducir el error, intentar que la persona encuentre su hábitat, su entorno, para rendir. Está claro que el jugador sabe jugar, el jugador siempre sabe jugar. Lo que hay que encontrar, entonces, es a la persona. Es lo que intentamos hacer acá”.

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