Fútbol Femenino

El fútbol femenino, en cuarentena: ser jugadora profesional sin salir de casa

El aislamiento social obligatorio sacó a las jugadoras de la cancha pero no las alejó del entrenamiento. ¿Cómo mantener activa a una deportista entre cuatro paredes? ¿Cómo manejar la ansiedad? ¿Qué piden los técnicos? Aplicaciones, bromas y whatsapp; la pelota, en un par de metros cuadrados

Por Angela Lerena

Boca(Fotobaires)

Boca | Fotobaires

La futbolista tiene dificultades para hacer un ejercicio. Es una prueba aeróbica sencilla que consiste en abrir brazos y piernas en un salto, cerrarlos en el siguiente; abrir, cerrar, abrir, cerrar. A ella no le sale: cuando abre los brazos, cierra las piernas y, aunque intenta verse menos descoordinada, la torpeza del movimiento hace tentar a sus compañeras, y el ejercicio termina con carcajadas. La escena puede suceder cualquier día en cualquier práctica pero no, no es una práctica más. La futbolista está en su casa, la rutina está siendo grabada con un teléfono y las compañeras -la Primera División de River Plate- se matan de risa por WhatsApp: así son los entrenamientos de la élite del fútbol femenino desde que una pandemia mandó a la primera camada de jugadoras profesionales a un aislamiento social obligatorio.

Lo que mata es la ansiedad. Deportistas que no pasan un día sin recorrer kilómetros al trote se encuentran, de pronto, encerradas en unos cuantos metros cuadrados, sin espacio, sin competencia, sin una fecha en la cual reencontrarse con una pelota rodando en el verde césped. La ansiedad, coinciden jugadoras y técnicos, afecta la alimentación y por eso los entrenamientos a distancia incluyen rigurosas dietas y contacto con nutricionistas. En Boca, por ejemplo, las futbolistas deben reportar su peso a los especialistas en alimentación por lo menos una vez por semana. En San Lorenzo, se espera que aquellas que tengan balanza la usen con frecuencia y, las que no, vayan cada 3 ó 4 días a una farmacia a controlar el kilaje. En general, los entrenadores confían en el profesionalismo de sus dirigidas, pero el contacto cotidiano ayuda a mantener unidos los grupos.

Los campos de entrenamiento, hoy, fueron reemplazados por el WhatsApp. Todos los equipos tienen  por lo menos un grupo. A través de la aplicación que suma 2 mil millones de usuarios en el mundo, los cuerpos técnicos mandan rutinas semanales de entrenamiento -ajustadas según la necesidad de cada mujer y también según el espacio disponible-, planes de alimentación, recetas de cocina saludable y rutinas de trabajo y esparcimiento. En UAI Urquiza, día por medio se hacen análisis de partido y se repasan situaciones puntuales de juego. San Lorenzo envía cronogramas que ordenan a las futbolistas todo el día: desde el desayuno -9 am- hasta la cena -9 pm-, con espacio para dos turnos de trabajo físico, comidas y descanso; en las Santitas consideran que acostarse y levantarse tarde obliga a saltearse comidas y altera la alimentación. En Boca, el seguimiento es diario pero cada una maneja su horario. “Mi percepción es que esto va para largo”, piensa Christian Meloni, el DT del puntero del campeonato, que se prepara para una cuarentena prolongada al estilo China y comparte con sus dirigidas videos con análisis tácticos. Los equipos con menos infraestructura y sin nutricionista, como El Porvenir o Villa San Carlos, envían una rutina de entrenamiento diaria y sugerencias para el cuidado del cuerpo pero no intervienen directamente en la alimentación.

River maneja WhatsApps oficiales y paralelos. En el grupo que incluye al cuerpo técnico -el oficial-, cada jugadora debe subir videos y fotos de cómo realiza sus entrenamientos; cuestión de mantener la dinámica grupal, más que de control. Ahí, con familias que comparten el aislamiento, aparecen los hermanos que se prenden al ejercicio, sobrinitos que interrumpen abdominales y escenas desopilantes como la de las piernas y brazos a destiempo. Los grupos paralelos son entre jugadoras, incluyen jodas y memes, y el entrenador los alienta para mantener la mística de grupo. “Cuando empezó la cuarentena tuvimos una charla”, cuenta Daniel Reyes, “en la que les dije que este era un desafío que iba a poner a prueba nuestra fortaleza mental. Lo más difícil es no tener un plazo, una fecha, un objetivo puntual. A la distancia, queremos mantenernos juntas”, dice el DT que usa la primera persona del femenino para hablar de su plantel. UAI Urquiza tiene un solo grupo de contacto -que incluye a Germán Portanova, el DT- pero los memes circulan sin restricción y se mandan por afuera.

El home office millonario tiene características particulares. Incluye trabajo con pelota para aceitar el vínculo con el elemento más importante de todos pero hay otros objetos involucrados. La rutina física diaria incluye ejercicios como “estocada hacia atrás con mochila” y “bíceps con botellas”. La idea es que aquellas que no tengan elementos de trabajo puedan usar lo que encuentran en su casa: una mochila llena con botellas o un palo de escoba con un bidón de lavandina atado en cada punta. La clave: no hay excusas. En el trabajo, se utiliza el método Tábata, que incluye una aplicación a través de la cual las futbolistas pueden graduar la dificultad de la práctica y se les ajusta si no es adecuada. San Lorenzo hace algo parecido con el programa MindPro: el trabajo debe puntuarse del 0 al 10 -extremadamente fácil a extremadamente duro- y se ajusta para cumplir los objetivos.

Mariana Larroquette, de UAI Urquiza y goleadora del campeonato, extraña el despliegue físico y sufre cuando su perro confunde el ejercicio con un juego y no la deja correr. Florencia Quiñones, capitana de Boca, celebra haber podido llegar a su Córdoba natal antes del aislamiento obligatorio porque allí tiene más espacio para moverse. Lucía Martelli, delantera de River, es de las más disciplinadas del plantel y la primera en mandar -bien temprano- el video de ejercicios de cada día. La última completa su rutina cerca de la medianoche. Su nombre se mantiene en secreto.

No solamente las vidas de las futbolistas y sus cuerpos técnicos tomaron un rumbo inesperado por culpa del coronavirus. Los médicos del plantel femenino de San Lorenzo, Florencia Scarglione y Jorge Rivera, trabajan por estos días horas extras en el Hospital Álvarez. Están en la primera línea de batalla contra la enfermedad que nos quitó el fútbol.

Comentarios